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El pacto entre personas respecto a derechos y obligaciones es un hecho consustancial a la naturaleza humana y en consecuencia desde sus orígenes han convenido contratos, que como todo fenómeno social se han adaptado al devenir de los tiempos. Veamos de manera muy sucinta los principales hitos en su evolución.

Desde la conventio del derecho romano clásico como fuente de obligación entre las partes, los elementos externos han determinado la configuración del contrato como prueba de su existencia y eficacia, para hacer realidad el tradicional aforismo de pacta sunt servanda, que exigía la existencia de determinadas palabras solemnes (verbis) o menciones escritas (litteris) o los negocios in re mediante la traditio. La forma de expresión del contrato se configura como un elemento necesario para su existencia y determinación del contenido.

El artículo 1278 del Código Civil establece que los contratos serán obligatorios cualquiera que sea la forma en que se hayan celebrado, siempre que en ellos concurran las condiciones esenciales para su validez, y cabe recordar que los elementos esenciales son el objeto, causa y consentimiento.

La introducción de la tecnología en el ámbito jurídico no ha modificado la esencia del contrato, si bien nos ofrece nuevas posibilidades, en lo que supone el paso del ámbito analógico al digital. En este sentido aparecen dos conceptos nuevos: el contrato electrónico y el smart contract. Entendamos en qué consisten.

Un contrato electrónico mantiene las características de un contrato tradicional, que en lugar de utilizar un soporte en papel utiliza medios digitales, que permite que las partes no deban coincidir físicamente en el momento de la firma, así como la prestación puede realizarse y consumirse directamente mediante el soporte digital (compra de música, película o programas informáticos), o de manera indirecta (compra de productos físicos que nos enviarán a nuestro domicilio, libros, ropa, viajes).

 

El contrato electrónico mantiene las características de un contrato tradicional, que en lugar de utilizar un soporte en papel utiliza medios digitales

 

El contrato electrónico suele incorporar el pago electrónico del precio del servicio, que conlleva una automatización del proceso, si bien puede realizarse también mediante los sistemas de pagos tradicionales.

El smart legal contract es un contrato electrónico que a diferencia de lo expuesto anteriormente las prestaciones obligacionales, pecuniarias, de dar o hacer, se automatizan por elementos de software y hardware interconectados con la tecnología de cadena de bloques, denominada blockchain, sin requerir en ningún caso el consentimiento de las partes en fase de ejecución.

A diferencia del resto de contratos, la perfección del smart contract se produce mediante un doble consentimiento:

1. El consentimiento habitual a las disposiciones contractuales convenidas.
2. El consentimiento preconstituido sobre la consumación automática, en el sentido de aceptar que la prestación objeto de su obligación será realizada automáticamente y sin autorización por el smart contract en las condiciones convenidas, y con ello la consumación del contrato no depende directamente de la voluntad de las partes, sino que es propio software que lleva a cabo la prestación de acuerdo convenido por las partes.

De lo expuesto en relación a la automatización de los contratos en fase de ejecución, cabe establecer dos conclusiones que se plantean como revolucionarias en el ámbito contractual:

1. No cabe hablar de cumplimiento o incumplimiento obligacional, en la medida que el mismo no está en manos de las partes.
2. Las partes tendrán derecho a obtener la prestación establecida aún en caso de error informático en la configuración del contrato.

 

El próximo reto: la computación cuántica

 

Las consecuencias de los smart legal contracts tensionan las reglas en materia de contratación y plantean dudas importantes en materia de responsabilidad profesional y en el ámbito deontológico, que requerirán de su regulación para determinar el alcance y consecuencia de su utilización, para poder así utilizar con garantías sus inmensas posibilidades en beneficio de los ciudadanos.

Sin duda la contratación electrónica, y de manera específica el smart legal contract, ofrecen respecto las formas tradicionales un maco de mayor confianza por la seguridad y autenticidad del acuerdo, de mayor autonomía por la eliminación de intermediarios, de ahorro en su tramitación y de eficiencia en la contratación, que configuran una alternativa cada vez más utilizada por empresas y particulares.

El próximo reto en el ámbito contractual de acuerdo con las nuevas tecnologías se plantea en el ámbito de la computación cuántica, que supone superar el ámbito digital en sustituir el bit por el cúbit, que nos permitirá nuevos logaritmos y una seguridad total, con extraordinarias potencias de cálculo que permite realizar en 200 segundos una tarea que hubiera costado 10.000 años al superordenador más potente del mundo. Para el uso cotidiano de esta tecnología faltan aún algunos años, aunque en el ámbito tecnológico todo evoluciona a gran velocidad.

En atención al interés que tiene las transacciones mediante blockchain y los smart contracts, dedicaremos el próximo WMR a esta materia. Consúltanos ante cualquier duda.

 

 

 

Manel Casal
Abogado
Departamento Corporate

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