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El cambio permanente que caracteriza nuestra sociedad hace cada vez más evidente el principio que ninguna relación humana es para toda la vida, y en este sentido las relaciones societarias no son una excepción, por mucho que la emprendamos con el mejor ánimo y la aspiración legítima de continuidad indefinida. Debemos prever como y en qué condiciones dejaremos la sociedad si perdemos el interés en aquellos objetivos i/o personas que nos animaron a emprender el proyecto societario. Una especie de contrato en previsión de ruptura matrimonial, salvando las distancias, que el ámbito mercantil toma la denominación de derecho de separación.

El derecho del socio a separarse de la sociedad se configura como un derecho individual e inderogable, en el sentido que no puede excluirse en los estatutos, a la vez que tan solo es renunciable en condiciones muy específicas.

Por otra parte debe tenerse en cuenta que no se configura como un derecho incondicionado, pues solo puede ejercerse ante las causas tasadas en la ley de sociedades de capital (causas necesarias) y en los estatutos (causas facultativas), pues fuera de las previsiones estatutarias y legales no puede ejercerse el derecho de separación.

El ejercicio del derecho de separación otorga al socio el derecho a obtener el valor de mercado de su participación en la sociedad mediante amortización de sus participaciones sociales, con la consiguiente reducción del capital, o la adquisición por la sociedad de dichas participaciones, en el caso de que la Junta General haya autorizado dicha adquisición.

A falta de acuerdo sobre el valor de mercado de las participaciones sociales o sobre la persona que haya de valorarlas y el procedimiento a seguir para su valoración, las participaciones serán valoradas por un auditor de cuentas, distinto al de la sociedad, designado por el Registrador Mercantil del domicilio social a solicitud de la sociedad.

Las causas legales de separación (artículo 346 de la Ley de sociedades de capital) se fundamentan en el hecho que la sociedad modifica de manera substancial el contrato societario, y que son las siguientes:

  • a) Sustitución o modificación sustancial del objeto social.
  • b) Prórroga de la sociedad.
  • c) Reactivación de la sociedad.
  • d) Creación, modificación o extinción anticipada de la obligación de realizar prestaciones accesorias, salvo disposición contraria de los estatutos.
  • e) Modificación del régimen de transmisiones de participaciones sociales, aplicable exclusivamente para las sociedades limitadas.
  • f) Transformación de la sociedad en otro tipo social.
  • g) Fusión transfronteriza intracomunitaria.
  • h) Traslado del domicilio social al extranjero.
  • i) Falta de distribución de dividendos.

Mención específica merece la última de las causas de separación ante la ausencia de distribución de dividendos, con la finalidad de proteger al minoritario del reiterado acuerdo de la mayoría de no distribuir beneficios, sobre esta cuestión ya dedicamos un artículo específico que puedes consultar en el artículo Abuso de la mayoría social: el derecho de separación del socio ante la ausencia de reparto de beneficios que ha sido objeto de diferentes modificaciones y suspensiones desde su introducción en 2011.

La titularidad del derecho de separación corresponde a los socios que no han votado a favor del correspondiente acuerdo, así:

  • a) los socios que han votado en contra, se abstuvieran o cuyo voto se declaró nulo.
  • b) los ausentes a la reunión de la junta en la que se adoptó el acuerdo.
  • c) los titulares de acciones o participaciones sociales sin voto.

Los estatutos sociales pueden establecer otras causas de separación adicionales a las legales, estableciendo el procedimiento para su ejercicio de acuerdo con los siguientes requisitos:

  • a) Debe acreditar la existencia de la causa.
  • b) La forma y plazo para el ejercicio del derecho de separación.
  • c) El consentimiento de todos los socios.

Las causas de separación previstas en los estatutos no han de estar vinculadas necesariamente a la adopción de acuerdos sociales, sino que también pueden venir determinados por hechos relativos a la vida de la sociedad o por circunstancias personales de los socios, admitiéndose la posibilidad que los estatutos reconozcan como causa de separación la simple voluntad del socio, normalmente con la finalidad de protección de la minoría y asociada a la prohibición de transmisión de las participaciones sociales.

El derecho de separación debe ejercitarse mediante comunicación fehaciente dirigida al órgano de administración), que se ejercita por la sola voluntad del socio y que no necesita de la aprobación o ratificación de la sociedad o la ratificación, que generalmente deberá ejecutarse en el plazo de un mes desde su comunicación.

Debe tenerse en cuenta que el socio separado quedará sujeto a la responsabilidad prevista en los artículos 331 y 332 de la Ley de Sociedades de Capital, y en consecuencia responderá con la sociedad del pago de las deudas sociales contraídas con anterioridad a la fecha en que la reducción fuera oponible a terceros, si bien con límite el importe de lo percibido en concepto de restitución de la aportación social.

El derecho del socio a separarse de la sociedad se configura como un derecho individual e inderogable, en el sentido que no puede excluirse wen los estatutos

El derecho de separación debe ejercerse siempre en atención a los principios de buena fe y sin perjuicio de la propia sociedad o de terceros, ya sean los acreedores sociales que pueden ver disminuido el patrimonio de la sociedad, o la propia sociedad, que puede verse incursa en causa de disolución, como consecuencia de la necesaria reducción de su capital social.

Si bien el régimen del derecho de separación presenta aspectos controvertidos, como el homologo derecho de exclusión, entendemos fundamental que en el momento de la constitución de la sociedad, donde tenemos los mejores ánimos, se aborde la reflexión para su reflejo en los estatutos de los elementos que puedan determinar disensión entre los socios y de los mecanismos para su superación, así como la salida del socio discrepante, siempre de acuerdo con el interés superior de la sociedad y en consecuencia de la viabilidad del proyecto. Consúltanos para determinar si en tus estatutos dispones de los mecanismos necesarios para resolver las posibles divergencias entre socios.

 

 

 

Manel Casal
Abogado
Departamento Corporate

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